La broncínea ánfora
En las honduras de la broncínea ánfora,
abrigo el lumbre del amado y las despedidas
silenciadas en las auroras de la existencia.
Los espectros del recuerdo se recusan a partir,
practicando antiguos ritos en
las cavernas escarpadas de mi ser de abismos.
En un paradojo del tiempo, las murallas se conmueven
delante de la separación de los amantes.
Y las pilastras esculpidas en la inspiración de los poetas
sustentando versos idílicos de cuyo olor incomparable
tejo leyendas de amor
embalsamadas en los siglos idos.
Venid ó amado de los mundos, te espero
revestida del amor celestial, para nos consumimos
en el inconmensurable misterio.
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