sábado, 14 de fevereiro de 2009



















Lamento Secreto*
Nabucodonosor, rey de la antigua Mesopotamia y señor de muchas esposas, contempló a aquella que realmente amaba con los Jardines Suspensos de la Babilonia, la segunda de las siete maravillas del mundo antiguo. En homenaje a Mumtaz Mahal, que falleció al dar la luz a su decimo hijo, el Sah Jaham mandó edificar, en Agra en India, el suntuoso palacio Taj Mahal. El legendario rey Salomón, famoso por su harén de quinientas esposas e trescientas concubinas, urdió los “Cantares de Salomón”, versos de inconmensurable belleza, inspirados en la no menos legendaria reina del Saba, por quien el rey suspiraba secreta pasión.

En estos tiempos de “estar juntos” que hace jirones del esplendor del Amor, me gusta recordar de estas historias de otrora, cuya aura me parece inquebrantable a vagar sapientísima en la danza de los milenios, sin perder la esencia genuina. Del silencio del alma el amor insinuase y reverencia el ser amado como a un Dios Único, lo que considero la más punzante manifestación monoteísta del espirito humano.

De hecho el amor lleva el ser a un estado onírico, que lo digan los poetas tal como el persa Jalluddin Rumi, nascido en el siglo XIII, ello que escribió los cinco mil versos de amor místico que componen el “Masnavi”, considerado la Biblia del esoterismo Islámico. Rumi jamás escondió el amor divino que nutria por el maestro Shams de Trabliz y cuando este misteriosamente desapareció, en consternación suprema el poeta escribió:

“A si mi amado apenas me tocase con sus labios
igual a una flauta yo me romperia em melodias”.

El amor es un sentimiento que no comulga con la razón, no tiene forma, color o sexo.

Solo me resta un lamento secreto, no haber tenido la divina gracia de ser esposa, amante o sierva de mi bien amado…
Enviar um comentário