segunda-feira, 3 de novembro de 2008

Magreb

 

Mi inspiración ostenta las formas

de las montañas del Magreb, el paso de las

eras no las azotan y delante de ellas

se extiende el inconmensurable

refugio de los nómades.

La brisa, amante que besa tiernamente la silente

faz del desierto, me susurró con

su antiquísima voz ronca, que los

misterios del universo se desdoblan

a los iniciados, cual alfombra de seda

entrelazada en la suprema devoción delante

del Dios único.

Mística e inefable es la danza de los granos

de arena ocultando en las dunas el

secreto de los enamorados.

Aluden las tribus berberes que

los efluvios emanados por los

dervishes girando en su samã

urden versículos sagrados que

ciñen el legendario Magreb.  

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