terça-feira, 21 de outubro de 2008

Los parpados del amado


Entre los parpados del amado
desvelase el Olimpo y miro los impíos
convertidos en virtud y fe.
En busca del albatros parten los creyentes.
No alcance siquiera el nicho de la servidumbre,
mira me pétrea en el portón de los buscadores.
En la santa sombra del Mahdi abandoné
mis alas cansadas, sobre ellas acostaran
los versos santos revelando el camino, largo
y bordeado por los lirios de Damasco.
Lejos alumbro los iniciados del templo de Alepo,
ojos aterciopelados, cabezas adornadas por turbantes
tejidos de luna, quizás el mismo claro de luna que
nos contempló en las cavernas de la solitud.
El maestro y sus discípulos deparan se con las
ánforas vacías, un olor irresistible cual
loto del divino, rescató del barrio la esencia.
Embarqué en la barca do Ur-Shanab y el
onírico  me arrancó del polvo del mundo.
Acodada en la ventana del gran teatro cósmico
vi la sacerdotisa con su manto carmín
la belleza mística de su danza sagrada
alzó corazones y deshechos de las convenciones
se consagraran al amor.
Quisiera yo con mis pies de mariposa
retornar al huerto genuino en
regocijo oír del divino Aedo
los versos que habrán de edificar
en el silencio de toda alma y belleza
y el esplendor, tal cual el Olimpo
oculto entre los parpados del amado.
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